en Stralau


Estuve paseando hacia Stralau, recorriendo la Corinthstrasse hasta Markgrafendamm. Entré en el "Plus", único supermercado de la zona. Me proponía comprar un par de cosas para el Kaffe und Kuchen [café y pastel] del domingo. Pude comprobar las diferencias entre la clientela de aquel supermercado y la de cualquiera de los que hay simplemente al otro lado del puente Modersohn: reinaba el silencio, no se veían familias ni parejas, únicamente persona mayores y algún joven con el ineludible peto de trabajo. Me llamó la atención también, ya en la caja, que la gente no llevaba demasiados productos: apenas dos o tres cosas cada uno, como para solucionar una sola comida o para surtir una cocina de persona sola. La galería comercial que rodea el establecimiento, que apenas aloja un kiosko y una floristería, mostraba también muy poca animación. De todos modos, me dije, habría que ver cómo es el ambiente en momentos más típicamente compradores, como la tarde del viernes o la mañana del sábado. Los clientes que vi, sobre todo los mayores, parecían conocer a la cajera, y me pareció que la saludaban con un schönes Wochenende [feliz fin de semana] especialmente efusivo.

favores


Los últimos días de mi penúltima estancia en Berlín dediqué mucho tiempo y energía a devolver los documentos que mucha gente me había prestado. Quien más se me resistió fue A., con quien estuvimos poco menos que jugando al escondite hasta que, por fin, me ofreció la posibilidad de dejar su archivo en la tienda de prensa que hay debajo de su casa. Así lo hice, observando otra vez esta práctica relativamente habitual de la solidaridad vecinal -con un toque de interés, por supuesto- entre los kioskos y los inquilinos del edificio. Ya me había parecido observar el fenómeno, por ejemplo, en el dedificio de M. y P., o también aquella vez en que un vendedor de Kreuzberg creyó que iba a recoger un envío cuando yo sólo pretendía comprar saldo para el móvil. En un lugar donde la compra por correo es tan frecuente, a menudo me ha tocado también recoger paquetes de los vecinos, y yo misma me he apuntado al carro cada vez que me ha entrado una fiebre compradora de libros. En general me interesa y me gusta ese clima de confianza, de despreocupación, de favores mutuos y obligación abstracta entre casi desconocidos. Hay una especie de imperativo moral superior que la gente da por descontado en sus vecinos, y los carteros en los vecinos de los destinatarios del correo. Y, quizá también porque no falta tanto el espacio en las casas, nadie se para a pensar en el engorro que supone tener en casa una caja ajena durante unas horas... o incluso un paquete "sospechoso". ¡Qué diferencia con la paranoia que está provocando la erradicación de las papeleras públicas en muchos lugares del Reino Unido, como me contaba D.!

¿gentrificación?

Se las trae, la palabreja, pero eso no ha evitado que vaya flotando en ríos de tinta desde hace unos años. Empezaron los anglosajones en el ámbito de la Geografía urbana, y se ha propagado al alemán, al francés... Descubro también que la wikipedia en español nos redirecciona al término "aburguesamiento" como sinónimo preferido por los articulistas. Otros dicen "elitización". Al fin y al cabo, lo de gentri- tenía que ver con gentry, la clase de los hidalgos, los burgueses, los aristócratas de poca monta, los distinguidos en definitiva. Así que como quieran...


Anyway. El caso es que nos hallamos ante una palabra peligrosa. No ya desde el punto de vista académico, por lo resbaladizo, vago, tautológico del concepto. No porque, en muchos casos, sirva lo mismo para un roto que para un descosido. No porque se aplique, forzando a veces la máquina, lo mismo a un barrio de Nueva York que de Londres que de Barcelona. Tampoco me refiero al peligro lingüístico que para el lustre de la lengua pueda entrañar un neologismo pasajero. Nada de eso...


Este agosto hará un año que la palabra "gentrificación" se reveló como peligrosa en un sentido insospechado. Andrej Holm, sociólogo urbano berlinés, fue encarcelado por utilizarla. Porque supuestamente un grupo terrorista (modosamente denominado "Grupo Militante") se inspiraba en los escritos del sociólogo, salpicados de la palabra en cuestión, para tramar sus fechorías. Y luego iban y escribían imprudentemente la palabreja en sus papeles y panfletos, dejando a Andrej en evidencia. Elemental...


Sobre Andrej, profesor de la Goethe-Universität de Frankfurt-am-Main, colaborador de la revista MieterEcho, implicado en luchas vecinales desde la unificación de Berlín, se ha escrito también mucho y se le han enviado muchos apoyos. Especialmente interesante es el blog de su compañera, que narra el día a día de una familia acosada por el aparato policial y judicial. O este vídeo sobre el mismo tema:



polylog Terror ueberwachung @ http://www.polylog.tv/videothek/



Pero ahora, casi un año después, Andrej se ha decidido finalmente a escribir su propio blog, y lo ha titulado como debía titularlo: Gentrification Blog. Sólo está en alemán, pero de todos modos quería presentarlo aquí por si alguien se anima a visitarlo:





Nada más, únicamente... Viel Glück Andrej!

Parole, parole, parole

Acabo de descubrir un invento sorprendente. Resulta que en Wordle es posible encargar una representación gráfica de las palabras que aparecen en un texto cualquiera. El tamaño de cada palabra se establece en función de la frecuencia de su aparición.

Mi primer impulso ha sido hacer el experimento con el primer párrafo de un capítulo de la tesis que estoy intentando ultimar estos días. Y sí, las palabras más grandotas han sido "Friedrichshain" y "vivienda", así que todo en orden de momento... ¡Menos mal!

El invento también se puede aplicar a blogs y páginas web. Lo que sigue es la representación de estos "diarios de campo más aquí de Melanesia" a fecha de hoy:

(como de costumbre, un doble clic sobre la imagen mejora un montón su nitidez)

what do you do?

En los últimos días me ha tocado socializarme con desconocidos. Inevitablemente, me han preguntado varias veces a qué me dedico. Ojalá hubiera podido enseñarles esta viñeta (tomada de PhD Comics, página muy reconfortante para doctorandos superados por las circunstancias).



Transcribo porque me temo que la cosa no se entiende:

1a viñeta:
- So, what do y...?
- I'm a grad student!

2a viñeta:
Length of time it takes you to anwer the question 'So, what do you do?'
Eje Y: Uncomfortable silence
Eje X: Time in Academia
momento 1: Ah, youth...
momento 2: What IS it that I do?
momento 3: Just turn around and walk away...

3a viñeta:
- I, uh... umm... How do I explain this?

la Expo y la cosa inmobiliaria

Ya falta menos de una semana para que empiece la cosa...


Por si no se aprecia lo que pone, transcribo:

"Se alquila piso amueblado por semanas o por días"

La foto está tomada en Cádiz [!] en marzo de este año. El Casco Viejo estaba empapelado con copias de este anuncio.

micropoesía

O haiku, o greguería... En definitiva, cuando menos es más.



La artista en cuestión se llama Ajo, tiene más micropoemas en youtube y hoy la entrevistaban en El País.

el trabajo de habitar

Por si alguien tiene curiosidad por lo que vengo haciendo en tantas horas de encierro, he aquí un fruto parcial recién publicado en Arquivos da Memória, una revista electrónica portuguesa.

Aquí va un pequeño resumen del texto para abrir boca:

En el Este de Berlín se ha producido una transformación profunda de las condiciones de la vivienda desde la caída del Muro. En tal contexto encontramos estrategias resistentes a la mercantilización, contractualización y profesionalización de las relaciones de habitación. A partir de dos casos reales de habitación en colectivo ('Hausprojekte') y de autoayuda constructiva ('bauliche Selbsthilfe'), observamos la articulación más o menos conflictiva entre el crecimiento de los intereses inmobiliarios, el esfuerzo de algunos vecinos por producir sus propias condiciones de vivienda mediante “el trabajo de habitar” y la voluntad estatal de abandonar determinados ámbitos de la asistencia social delegando sus responsabilidades tanto en el mercado como en las propias iniciativas ciudadanas. Estas, una vez despojadas de su carácter disidente, se institucionalizan y se promueven como un antídoto a la desestructuración social.

fines inmobiliarios

ahora que las cosas les vienen mal dadas...



(tomado de la web de "V de Vivienda")

hablando tacheles

Terminamos tomando algo en el Tacheles. Se trata de un antiguo centro comercial en la Oranienburgerstrasse que fue okupado al caer el Muro y que mantiene su estética de entonces, sobre todo en la fachada posterior, destripada por los bombardeos de la II Guerra Mundial, que de noche adquiere un aire fantasmagórico. Hoy el edificio alberga un par de bares, talleres de artistas, un cine y alguna galería. En verano descubriría, además, que el patio se convierte en una gran terraza en la que conviven las actividades más incompatibles: una redada policial, cócteles sofisticados, música tecno y un concierto acústico, todo al mismo tiempo y sin grandes sobresaltos.
No puedo evitar algún comentario sobre lo insólito que resulta un lugar así en el meollo de una gran ciudad. A pesar de que, muy probablemente, su peculiaridad ya sólo sea estética o, mejor, estetizada. De nuevo tropezamos con el aparente desinterés por los solares vacíos en el centro de Berlín. Pero me pareció que, en el bar donde estuvimos, la clientela era de lo más convencional. Entre ella destacaba un grupo de italianos gritones con mucha pinta de erasmus.
Por cierto, M. me explicó que "tacheles" es una palabra yiddish que significa algo así como "claro", "evidente". Aunque este diccionario traduce la grafía "takhles" más bien como "result, purpose, serious business", la traducción que ofrece la propia web de la casa sí que me cuadra: "hablar claramente, revelar, explicarse, dar la opinión a alguien; perseguir un objetivo, confirmarse, ir al grano". Pero, entonces, ¿se trata de un verbo o de un adjetivo? Dudas gramático-trascendentales...

Foto: Blanca Callén