de "flaneuse" por el Hansaviertel

Tomé el S-Bahn hasta Bellevue para visitar a Frau B. Como me sobraba tiempo, estuve dando un paseo por aquella zona desconocida. Paseé por el río hasta el castillo del mismo nombre que la estación, y de allí llegué hasta la Columna de la Victoria con sus nubes de turistas orientales. Berlín me despedía con un sol espléndido, y me dejé seducir por la vegetación, los adolescentes ociosos a la salida de una Oberschule [un tipo de instituto], los espacios amplios y los Plattenbauten [grandes bloques] casi simpáticos del Hansaviertel, el tráfico pacífico y las señoras mayores en bicicleta. Maté los últimos minutos sentada en un banco de la Levetzowstrasse, justo enfrente del edificio donde Frau B. me esperaba, dejando simplemente que me diera el sol primaveral.

A la salida, menos de una hora más tarde, decidí volver a la estación por un camino distinto y algo más directo. Atravesé la parte antigua del Hansaviertel, consistente en unas calles sombrías por la cantidad de vegetación. A diferencia de los grandes edificios de Hansaplatz, allí predominaban las casas de tres o cuatro alturas, con balcones y exentas. Encontré incluso un panel informativo que relataba la construcción del barrio durante la postguerra como un experimento urbanístico en aquel lugar tan cercano al centro de Berlín Oeste. En aquella calle quedaban aún dos edifcios originales, con aspecto de palacetes. El resto de casas eran de construcción posterior, inspiradas en la Bauhaus. Más al Sur, ya en el límite con el Tiergarten, se erigieron los grandes bloques que había visto un rato antes, mientras que al Norte, internándose en la verdura, hay al parecer muchas casas unifamiliares. Continué mi camino hacia el final de aquella calle, hasta que topé con los arcos de ladrillo sobre los que circula el S-Bahn. Bajo las arcadas había algunos establecimientos de aspecto muy autóctono, como una cervecería y un kiosko.

Foto: www.construmatica.com

Ya en el tren, me fijé en algunos viajeros que hicieron todo o casi todo mi trayecto, y me pregunté con qué frecuencia y por qué motivos se desplaza la gente del Oeste al Este de la ciudad. A aquella hora volverían, me dije, de trabajar donde hay más trabajo.

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