en casa de una nonagenaria


Afortunadamente, acabó optando por llevarme de visita a casa de Frau H., su vecina de 97 años. El resultado fue estupendo. He de decir que me emocioné varias veces a lo largo de la entrevista, cada vez que me daba cuenta de que tenía delante un testigo de todo un siglo tan convulso. Y de que, además de haber vivido todo aquello (Primera Guerra Mundial; los años 20 con su explosión artística y cultural; la recesión económica posterior; el ascenso nazi y la escalada bélica; los bombardeos sobre Berlín; la ocupación soviética; la creación de la RDA; la construcción del Muro, tras el cual se le quedó una hija que le enseñó a su nieto levantándolo por encima de las alambradas; los años de socialismo real; el fin de la RDA y las transformaciones que le siguieron), Frau H. se mantiene hoy despuerta y activa, para nada molesta ante lo que han cambiado las cosas. Este tipo de espíritus, que un cliché algo manido describe como "jóvenes", suelen conmoverme. En la sonrisa frecuente de Frau H. se intuía incluso un aire travieso que parecía haber sobrevivido a las penurias y a las vueltas de campana de la historia. Para muestra, un botón: me contó que nació en Rummelsburg (una zona de Lichtenberg, aquí al lado) en 1910, y que por aquel entonces aún faltaba una década para que ese lugar formara parte de Berlín. Por tanto, Frau H. no es exactamente berlinesa, ¡pese a haber vivido cerca de noventa años en Friedrichshain!

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