7 de octubre

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Entonces salí a la calle y, pertrechada con un periódico gratuito, me dispuse a esperar la llegada de mi interlocutora. Junto a la puerta del Umsonstladen ("tienda gratis") había también un seños con aspecto de indigente, sentado en el suelo junto a un tetra-brick de Rotwein (vino tinto), que se reía y decía algo entre dientes. En los minutos que estuve por allí todavía vinieron algunas personas que, según me pareció, traían objetos a la tienda. Un chico, por ejemplo, traía un tablero de ajedrez. Un poco más tarde llegó una chica con una bicicleta cargada de cosas. Como objeto estrella traía una guitarra polvorienta. Cuando la vio el señor del Rotwein, entabló con ella una conversación que no fui capaz de entender. En cualquier caso, la guitarra fue para el señor, y la conversación terminó con un "viel Spass mit der Gitarre" ("que se divierta con la guitarra") por parte de la chica. Cuando ella se hubo marchado, el hombre aporreó un poco las cuerdas, y enseguida dejó la guitarra a un lado, apoyada en la pared. Me dije, y así me lo confirmaría G., que aquel era un ejemplo de las escasas ocasiones en que donador y receptor se ven las caras.
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En un momento de la entrevista, cuando insistí en enterarme mejor de la situación del local, que está ocupado, G. me pidió que apagara la grabadora, y me explicó entonces los detalles. Era la primera vez que me pasaba algo así en una entrevista, y me alarmé un poco ante la posibilidad de estar yendo demasiado lejos con las preguntas... Pero, viendo la naturalidad que G. mantenía (una vez comprobó que la grabadora estaba realmente en "pause"), me quedé más tranquila e intenté
entender la explicación.
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